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Me puse a prueba y descubrí que realmente No estaba enamorada…

¡Sé objetiva!

¡Sé objetiva!

Algunas veces el fracaso amoroso tiene sus orígenes en nosotras mismas, en la dificultad de distinguir entre deseo, curiosidad, manía; y lo que realmente es amar.

Comencemos por entender que el enamoramiento consiste en una construcción subjetiva, en la que imaginamos al otro como un ser casi perfecto, le damos una atención anormal y, por lo tanto, desatendemos lo demás.

Por eso es que algunos estudiosos consideran esta etapa como una «especie de imbecilidad transitoria».

Un período en el que tenemos que tener mucho cuidado para No equivocarnos. Así, según ellos, el enamoramiento no siempre lleva a un auténtico amor, y es por eso que no podemos autoengañarnos con el frenesí de la etapa inicial.

Es necesario no confundir una parte con el todo.

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Entonces, sabiendo que en la etapa de enamoramiento creamos o imaginamos cualidades que realmente no tiene el otro, deberíamos preguntarnos si realmente estamos experimentando un sentimiento profundo de amor o es sólo ficción.

¿Cómo hacerlo?

De acuerdo a Ortega y Gasset es necesario ponernos a prueba, y la mejor forma de hacerlo es colocar Distancia y Tiempo.

«Quietos, a cien leguas del objeto, y aun sin que pensemos en él, si lo amamos, estaremos emanando hacia él una fluencia indefinible», destaca el filósofo.

Es decir, observar a la distancia y por un período, de manera objetiva, si esa persona es la que en realidad le entregaremos parte de nuestra vida, y si en realidad la percepción que tenemos sobre él es realmente realista.

Así, si el tiempo ni el espacio resquebran nuestro amor; «si éste tan solo adelgaza hasta convertirse en un finísimo hilo que recupera en el reencuentro su densidad original», entonces estamos ante un amor auténtico, sin cristalizaciones engañosas.

Cuéntanos ¿Estás realmente enamorada?

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