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El síndrome de la mamá gallina y como afecta la seguridad de los hijos

¿Padeces este síndrome?

¡Esto no le hace bien a tu hijo!

Probablemente has escuchado que a una madre se le dice que es una «mamá gallina».

Ya que siempre cuida de los suyos, los protege y está pendiente de su bienestar.

Esto podría ser considerado una gran cualidad en las madres, sin embargo, hay un síndrome que indica que ser una mamá gallina no es lo mejor.

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Las mamás gallinas, son las madres sobreprotectoras, que desean estar cuidando todo el tiempo de sus hijos.

Incluso cuando estos ya son adultos y autosuficientes como para hacerlo por ellos mismos.

Es normal que cualquier madre, sienta cierto grado de temor acerca de lo que le pueda suceder a su hijo.

Es más común si es un recién nacido, ya que la madre debe velar por su bienestar.

La cuestión se torna más complicada si esta preocupación exagerada pasa los límites y afecta la vida del hijo, tenga la edad que tenga.

El síndrome de la mamá gallina y como afecta la seguridad de los hijos

Se aplica el término “Mamá Gallina”, porque literalmente la madre desea proteger a sus crías bajo sus alas, para asegurarse de que nada malo les pase.

El objetivo es no exponer a sus criaturas a situaciones que puedan dañarlos física o emocionalmente.

Esto podría ser contraproducente para los hijos quienes, al vivir bajo las alas de su madre, están en una burbuja y no puedan ver la vida real tal y como es, convirtiéndose en seres frágiles y desvalidos.

El temor de las madres es transmitido a los hijos.

Tienden a controlarlo todo, cada paso y cada acción que dan sus hijos, dejándolos casi sin la posibilidad de abrir sus propias alas, generando una sensación de dependencia.

Esto a su vez, va creando a niños con personalidades distorsionadas, confusas que no tienen un objetivo claro en la vida, más que seguir las reglas y advertencias demandadas por la madre.

Incluso, algunos prefieren vivir en una zona de confort por temor a ofender a su madre y perder su protección.

Por otra parte, están aquellos que hacen de su vida un eterno desafío, intentando mostrar su independencia al mundo, pero principalmente a la mamá gallina.

En ambos casos las relaciones se quiebran en algún punto y convierte a los niños en adolescentes conflictivos.

Una mamá gallina es una madre insegura y cría hijos inseguros…

Niños temerosos se convertirán en adultos inseguros, con conflictos para desarrollarse y pisar firme, con problemas para tomar decisiones, pero sobre todo para enfrentar la vida tal cual es.

Las madres creen que, cuidando de ellos, asegurándose de que no cometan errores, no tengan fracasos y superen caídas están haciendo su labor como madres.

Pero lo cierto es que están convirtiendo a sus hijos en personas incapaces de sobreponerse por sí solos a situaciones cotidianas.

Necesitan apoyo y seguridad…

Es importante para la confianza de un niño, un joven y un adulto, aprender de sus errores y fracasos, saber que la vida no siempre será color rosa y que debe superar los problemas por sí mismo.

Es necesario, que la madre aprenda a canalizar su necesidad de proteger al niño y lo oriente.

Para que éste sea capaz de tomar riesgos, asumir una posición como individuo, decidir por sí solo, acoplarse a la vida cotidiana sin sentirse controlado ni mucho menos presionado.

Una madre debe permitirle a su hijo tener la libertad de crecer a su ritmo, que lo ayude a dar sus primeros pasos, pero que también le permita abrir sus alas para volar y no impedirle emprender su propio camino.

Para dejar de sufrir del síndrome de la mamá gallina, la madre debe diferenciar que sí puede proteger a su hijo, hasta cierto límite.

Y que debe dejar a un lado la necesidad de controlar su vida, pues terminará educando a un hijo inseguro e insatisfecho.

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