Se puede perdonar y también olvidar…
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Cuando una persona nos engaña, es difícil creer que vamos a seguir con ella, que superaremos ese mal momento. Pero es más difícil olvidar lo que sucedió…
No fue fácil, aún incluso hay momentos en los que recuerdo que mi pareja me fue infiel y quiero salir corriendo, pero antes de hacerlo respire hondo y, medite la situación muy a fondo.
No te voy a mentir, sí le pedí un tiempo, necesitaba alejarme de todo: de los recuerdos, del tiempo que pasamos juntos, de la imagen que tenía al cerrar los ojos e imaginarlo compartiendo la intimidad con alguien más.
Tal vez sí fui estúpida por quedarme con alguien que si te la hace una vez, te la puede hacer varias, sin embargo, cuando mi pareja me engañó la relación no estaba pasando por su mejor momento.
Nos veíamos muy poco, ya no había innovación en la cama ni en nuestras vidas, teníamos muy poco tiempo para estar juntos y, cuando lo estábamos, casi siempre era en reuniones de amigos y nulo el tiempo para dos.
Y no pongo esto cómo excusa ni trato de justificar el engaño de una persona, no es algo que yo haría aún cuando las cosas vayan muy mal, pero quiero que las personas entiendan el porqué decidimos dejar el pasado en el pasado y continuar con nuestra relación.
Ni él es perfecto ni yo lo soy: debo reconocer que sus problemas siempre eran los mismos y, si tú como lector o lectora haz pasado por la misma situación después de llevar mucho tiempo con una persona, puedes caer en el aburrimiento de la costumbre… No hay nada más peligroso para una relación que caer en la rutina.
Después de enterarme del engaño sí, nos dijimos nuestras verdades, dijimos muchas cosas que nos causaron mucho daño al punto de no querer saber nada del otro.
Pero alguna vez vi en Votos de amor que, una persona no merece ser juzgada sólo por un acto mal cuando hay mil cosas más buenas en esa persona. Nos tomó tiempo volver a unir nuestras vidas, volver a conocernos y dejar atrás todo lo sucedido.
En cierta forma el engaño fue lo que salvó la relación: nos dio la oportunidad de volver a conocernos, volver a esa época en dónde el enamoramiento es vital para saber si iba a funcionar de nuevo o no… Volvimos a conocer nuestros cuerpos y hacer el amor tomó más pasión y una intensidad que antes no teníamos.
Decidí perdonar a mi pareja por todas las cosas buenas que habíamos tenido y no enfocarme en un solo error. Los hombres que se casan con mujeres elegantes son más felices.