Lo sabemos, tienes claro que él es el hombre de tu vida y por eso todo se está dando demasiado rápido, pero la realidad es que te estás precipitando.
Así como lo lees, lo suyo no es cosa del destino ni de química, sino de que tú estás demasiado emocionada con ese hombre.
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Tanto, que estás tomando decisiones precipitadas, intensas y sin analizarlas, por lo que podría traerte graves consecuencias.
El que te estés precipitando no significa que ese hombre no valga la pena o que sea malo, sino que vas tan de prisa que no estás disfrutando el momento y tampoco te estás dando el tiempo de conocer a ese hombre.
Así que, antes de llevar las cosas demasiado lejos, debes tomar una pausa y ver que tus acciones no son las mejores:
Señales de que te estás precipitando con esa relación
1. Te proyectas demasiado al futuro.
Empiezas a imaginar cómo sería vivir juntos, casarse, tener hijos, viajar juntos, etc., cuando llevan muy poco tiempo.
2. Piensas en compromiso antes de conocer realmente su intención.
Quieres saber si ya serán novios, exclusivos, si esto va “en serio”, etc., y hablar de expectativas no es malo.
El problema aparece cuando necesitas definir la relación antes de haber tenido suficientes experiencias juntos para saber si realmente son compatibles.
No basta con que haya química; hay que descubrir cómo se comporta cuando está cansado, frustrado, ocupado, en desacuerdo contigo, etc.
3. Ignoras cosas que te incomodan porque te gusta mucho.
Ves comportamientos que normalmente no aceptarías, pero piensas: “Bueno, quizá estoy exagerando”, o “es que me gusta muchísimo.”
Una relación sana no debería exigirte apagar tu criterio para conservar la ilusión.
4. Sientes que tienes que ganarte su interés.
Empiezas a pensar demasiado en cómo comportarte para que él no pierda interés.
Es decir, comienzas a contestar de cierta manera, buscas no parecer demasiado interesada, estás siempre disponible, buscas verte de determinada forma y dices lo que crees que quiere escuchar.
Esto puede indicar que estás poniendo mucha energía en ser elegida, en lugar de preguntarte si tú realmente lo eliges a él.
5. Abandonas demasiado rápido tu propia vida.
Empiezas a cancelar planes, descuidas amistades, dejas hobbies o modificas completamente tus horarios para estar disponible para él.
Debes ver que una relación saludable debería integrarse en tu vida, no reemplazarla.
6. Te enamoras más de su potencial que de su realidad.
Piensas: “Ahora no está preparado para una relación, pero cuando sane…”, “tiene estas actitudes, pero yo sé que en el fondo es muy bueno”, “cuando tenga menos trabajo, seguramente será diferente”.
El problema es que estás tomando decisiones sobre una relación basándote en quién podría llegar a ser.
7. Le atribuyes cualidades que todavía no ha demostrado.
Por ejemplo, llevan poco tiempo y ya piensas: “Es leal”, “sé que nunca me traicionaría”, “sé que sería un excelente padre”.
Pero todavía no has tenido suficiente tiempo para observarlo en situaciones que te permitan saberlo. No significa que estés equivocada; significa que todavía no tienes suficiente información.
8. Sientes que tienes que acelerar porque podrías perderlo.
Esta sensación suele sonar como: “Tengo que aprovechar esta oportunidad”, “no quiero que aparezca otra mujer”, “tengo que demostrarle que soy diferente”, “si no avanzamos ahora, quizá se vaya”.
Pero una persona compatible contigo no debería necesitar que corras para retenerla.
9. La relación avanza más rápido que la confianza.
Puedes tener intimidad, exclusividad, conocer a la familia, hacer viajes o hablar de matrimonio muy rápido.
Pero quizá todavía no sabes cómo maneja los conflictos, cómo trata a otras personas, cómo reacciona cuando le dices que no, si cumple lo que promete, qué quiere realmente de una relación y cómo se comporta cuando las cosas no salen como quiere.
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