Cuando te exiges demasiado, física, mental o emocionalmente, tu cuerpo empieza a pasar factura, porque ya no puede más.
Al principio puede parecer que “aguantas”, pero por dentro se activan varios mecanismos de estrés que, mantenidos en el tiempo, afectan a tu salud.
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Lo sabemos, no te exiges por gusto o quieres detenerte, pero crees que eso te hará perder grandes avances que has logrado.
Sin embargo, debes ver que seguir por ese camino no te está haciendo ningún bien y que si sigues adelante, no solo te detendrá de golpe, sino que sufrirás más las consecuencias de tu autoexigencia.
¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando te exiges demasiado?
1. Tu sistema nervioso entra en modo alerta constante.
El cuerpo libera cortisol y adrenalina (hormonas del estrés) y estas a corto plazo ayudan a rendir más, pero si no paras, te costará relajarte, dormirás mal, estarás irritable o ansiosa.
También sentirás la mente acelerada incluso en momentos de reposo.
2. Aparece el agotamiento físico y mental.
Exigirte sin descanso vacía tus reservas, por lo que habrá fatiga persistente, aunque duermas, falta de concentración y memoria, sensación de “cabeza nublada”, menos motivación y creatividad.
3. Tu sistema inmunológico se debilita.
El estrés crónico baja las defensas, por lo que te enfermas con más facilidad, las infecciones duran más y las heridas tardan en sanar.
4. El cuerpo empieza a doler.
La tensión sostenida se acumula en dolores musculares y articulares, contracturas (cuello, espalda, mandíbula), dolores de cabeza frecuentes y problemas digestivos (acidez, colon irritable).
5. Se alteran el sueño y las hormonas.
Cuando no paras, te cuesta dormir o te despiertas cansada, cambia el apetito y el peso, y en algunas personas se alteran el ciclo menstrual o la libido.
6. Impacta en tu estado emocional.
La autoexigencia excesiva suele ir acompañada de culpa por descansar, sensación de no ser suficiente, irritabilidad o apatía y riesgo de burnout o depresión.
7. El cuerpo “grita” cuando no lo escuchas.
Si ignoras las señales leves, el cuerpo sube el volumen, por lo que tendrás ataques de ansiedad, mareos o palpitaciones, colapsos de energía y enfermedades psicosomáticas.
¿Qué puedes hacer si pasas por esto?
No se trata de dejar de esforzarte, sino de equilibrar las cosas para que así el cuerpo no te pase factura. Exigirte no es lo mismo que cuidarte y el rendimiento sostenible siempre incluye descanso.
Puedes empezar con actos sencillos, pero poderosos:
– Duerme y descansa sin culpa.
– Alterna exigencia con recuperación.
– Escucha las señales tempranas.
– Baja el nivel de perfeccionismo.
– Pide ayuda cuando la carga es demasiada.
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