3 cosas que debieron advertirme que él dudaba entre ella y yo

Luz
Luz
Unsplash/Joshua Newton

Si crees que tu pareja tiene dudas de seguir contigo o mejor empezar otra relación te invitamos a que leas esta historia.

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A veces, dejar ir no significa dejar de sentir amor

Ocurrió hace tiempo, tenía una relación de años, mi novio y yo llevábamos 5 años juntos y según yo, todo iba viento en popa.

Yo me sentía enamorada, me veía con él a futuro, ya habíamos platicado de todo lo que queríamos hacer juntos.

Incluso, ya teníamos el nombre de nuestros hijos y hasta el nombre de las mascotas que nos acompañarían como familia.

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Un día todo cambió, él cambio…

Comenzamos a pelear por cosas que antes no, era difícil vernos y no enojarnos, según él yo estaba muy demandante, pero según yo, él siempre estaba ocupado y no tenía tiempo para mí.

Nunca imaginé que todos nuestros problemas eran porque él dudaba entre seguir conmigo o probar con alguien más.

¡Ojo! No estoy diciendo que el problema fue ella, el problema inició cuando él dejó que alguien más se metiera entre nosotros y no me lo dijera con honestidad.

Hoy, que veo de lejos y con frialdad la situación, veo con claridad que hubo señales que me estaban advirtiendo lo que pasaba pero que yo no supe, quise ni pude ver… Estaba cegada de amor.

1. No era su prioridad.

Dejé de ser su prioridad, él comenzó a llenarse de compromisos mientras yo dejaba de perder espacio y tiempo en su vida.

Fue una realidad, un hecho, fui perdiéndome entre su trabajo, sus juntas, sus cursos, sus viajes, sus horas de gimnasio y su vida social.

2. Cuando yo tenía algo importante él se distanciaba.

En mi cumpleaños, en mi examen profesional, en las fiestas de mis amigos… Era como si planeara enojarse conmigo para tener el «pretexto perfecto» y no acompañarme.

Recuerdo que en el último de mi cumpleaños que pasamos juntos, incluso me pidió tiempo porque no se sentía «al 100 en la relación».

3. Dejó de ser el que conocía.

Sus modales, su educación, sus valores, todo desapareció, comenzó a ser apático y grosero conmigo y con la gente que yo estimaba.

Ya no se esforzaba en la relación y me ponía en situaciones incómodas.

Quizá yo pequé de inocente y nunca asocié que era por alguien más, pero yo le creía y, sobre todo, creía la relación que habíamos construido por años.

No siempre ocurre lo mismo con las personas, ni con las parejas, pero cuando ya no te sientes prioridad y los hechos lo confirman, algo está mal.

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