Si recientemente has notado que tu hijo o hija cambió de personalidad drásticamente, podría deberse a que sufre de bullying.
Lo sabemos, es lo que menos quieres que le pase, o crees que ya te hubiera avisado de esta situación, pero lamentablemente, por pena o por amenazas, no puede hacerlo.
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Incluso, porque puede pensar que tú te vas a enojar con él o ella, o que vas a querer parar la situación y todo podría empeorar.
Por esto, si ya sospechas que sufre de bullying o su comportamiento te parece extraño, es momento de prestar atención.
Porque tal vez quiere decirte lo que sucede, pero no sabe cómo; sin embargo, sus acciones te demuestran que algo no está bien en su vida escolar
Cosas que te ayudan a detectar si tu hijo sufre de bullying
1. Cambios emocionales.
Tristeza frecuente, llanto o irritabilidad, ansiedad o nerviosismo antes de ir a la escuela y baja autoestima o comentarios negativos sobre sí mismo pueden advertirte.
También el miedo inexplicable a determinadas personas o situaciones y cambios repentinos de humor.
No es solo que esté pasando por la pubertad o por otros cambios en su vida, sino que alguien lo está lastimando física o emocionalmente.
2. Cambios en el comportamiento.
Ya no quiere ir a la escuela o inventa excusas para faltar, evita actividades que antes disfrutaba y se aísla de amigos y familiares.
Incluso, ha perdido interés en sus estudios y muestra comportamientos agresivos o inusuales en casa.
3. Señales físicas.
Tener problemas para dormir o pesadillas frecuentes y cambios en el apetito son de las primeras señales que presentan los niños que sufren de bullying.
Y después vienen los moretones, rasguños o lesiones sin una explicación clara; ropa, útiles escolares o pertenencias dañadas o perdidas con frecuencia y dolores de cabeza o de estómago recurrentes, especialmente antes de ir a la escuela.
4. Problemas en la escuela.
Si tiene un descenso repentino en las calificaciones, falta de participación en clase o actividades escolares y quejas frecuentes sobre compañeros sin querer dar detalles.
Incluso, el regresar de la escuela con aspecto angustiado o preocupado es una forma de avisarte sin decirte que algo no va bien.
5. Ciberacoso.
Se muestra alterado después de usar el teléfono o la computadora, evita revisar mensajes delante de otros y cierra aplicaciones o pantallas cuando alguien se acerca.
También cuando recibe mensajes se muestra angustiado o con miedo y reduce repentinamente su actividad en redes sociales o, por el contrario, se obsesiona con revisarlas.
¿Cómo abordar esta situación?
– Habla con tu hijo en un ambiente tranquilo y sin presionarlo.
– Haz preguntas abiertas, por ejemplo: “¿Cómo te estás sintiendo en la escuela?” o “¿Hay alguien que te haga sentir incómodo?”.
– Escucha sin interrumpir ni juzgar.
– Hazle saber que puede contarte lo que ocurre y que tomarás en serio sus preocupaciones.
– Si confirmas o sospechas acoso, contacta a la escuela para abordar la situación y documenta los incidentes.
– También es importante que lo lleves a terapia.
– No lo trates como si fuera frágil ni tampoco intentes protegerlo en todo momento; mejor ayúdalo a defenderse, y no principalmente con golpes, sino con límites.
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