Lo que aprendí de ver a un hombre casado al engañar a su mujer

Luz
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Unsplash/Scott Walsh

Lo que aprendí de ver a un hombre casado al engañar a su mujer…

Siempre he creído que el matrimonio no es para todos, aceptar y jurar frente a la ley, al Dios y muchas más personas que estarás en las buenas y en las malas con una persona no sólo es para valientes, es para locos.

Y no me lo tomen a mal, en verdad se necesita un poco de locura para intentarlo (al menos), y lo respeto con todo mi corazón, admiro a los que se casan, me encanta ver el nivel de su compromiso, dos personas que creen con todo su ser haber encontrado a la persona con la que compartir el resto de su vida, es algo profundo, intenso y admirable.

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Por eso, no entiendo que alguien que se anima a ése reto de vida a nivel afectivo y que usa un anillo de casado, como símbolo de fidelidad, se preste a diversiones baratas, efímeras y «prohibidas».

Fui testigo de un engaño más, de esos que seguramente suceden en hoteles baratos, de chismes de oficina y de mentiras que, al decirlas, su autor trata de convencerse de que son «pequeñas e inofensivas explicaciones que su esposa no entendería».

Sí, sé que no debería de juzgar, quizá su matrimonio esté atravesando una crisis, pero si el anillo sigue en el dedo, el compromiso también, ¿no?

Aprendí 3 cosas de ver aun hombre casado engañar a su esposa:

1. Confirmé que el matrimonio no es para todos.

No porque jures amar a una sola persona por el resto de tus días tienes la calidad humana y moral para casarte y jurar ante Dios que le serás fiel.

Recordemos que el anillo de bodas es bendecido y simboliza la alianza, es un símbolo del amor y de la fidelidad. Si no crees poder controlar tu coqueteo y tu deseo ante otro cuerpo, NO prometas, NO jures, NO mientas.

Si ya no estás feliz en tu matrimonio, dilo, pero no engañes, si estás decepcionada de tu pareja, sepárate, pero deja de portar un anillo que no respetas así estés casado con la mujer más maravillosa u horrible del mundo.

2. El infiel siempre termina siendo el engañado.

Y eso está explicado a detalle aquí.

3. No quisiera ser la esposa.

Yo no no quise ser testigo de lo que ocurrió y sentí horrible verlo, no quisiera estar en los zapatos de ella, sea como sea.

Yo sé lo que se siente que te sean infiel a nivel noviazgo y la decepción es muy grande, no quiero ni puedo imaginarme lo que en un matrimonio puede representar.

4. Si te prestas a ser la tercera, no hay manera de salir ganando.

Y, si bien, el culpable no es del tercero, sino de quien lo deja entrar, prestarte a ser la que está entre un matrimonio en donde él aún luce un anillo, puede representar falta de atención y de amor propio, a menos claro que él sea el amor de tu vida y sientas que lo que le hace a su esposa no te lo haría a ti.

Hombre casado, si no puedes sostener una promesa no te cases, si lo intentaste pero no eres feliz y quieres encontrar en otro lado tu plenitud, sepárate y ahórrate el engaño y no, no lo hagas «por tus hijos», «por los recuerdos», el matrimonio es amor, no mentiras que se sostienen con alfileres.

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