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¡La primera mujer empoderada que conocí fue mi mamá! ¿Tú no?

M

¡La amo!

Mucho antes de que la palabra “empoderada” se difundiera como prioridad actual, mucho antes de que las redes sociales aclamaran los derechos de las mujeres.

También mucho antes de marchas con mensajes de solidaridad y repudio a la violencia, antes de hashtags y transmisiones en vivo a favor de la mujer.

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Antes de los millones de contenidos que hay en internet acerca de las mujeres empoderadas y la necesidad de empoderar a la mujer, yo conocí a una y me dediqué a seguir su ejemplo: mi madre.

Ella, desde su educación tradicionalista se forjó como una mujer empoderada, asumió miles de roles, entre ellos, por supuesto, ama de casa, pero precisamente la admiro más por eso, ahora que yo ya soy una.

¿Por qué?

Porque a pesar de que renunció a su profesión, decidió sacar adelante a 3 hijos y no conozco a nadie que tenga tanta inteligencia emocional como ella, ¡Dios, es tan fuerte y sensible a la vez que me pregunto si será posible que yo sea lo mitad de centrada que ella!

No porque haya renunciado a su profesión, maestra cultora de belleza, dejó de ser trabajadora, al contrario, siempre tuvo chambitas para tener dinero pero no quiso “descuidar” su casa, eso decía.

Se dedicó en cuerpo, alma y mente a su hogar pero eso incrementó sus responsabilidades y con la llegada de los hijos aún más. ¿Camino fácil? No lo creo…

Fue tan fuerte que nos educó bien, fue tan consistente que su matrimonio sigue a flote, fue tan inteligente que encontró la manera de hacer las mejores sopas y dar los mejores consejos cuando llegó mi etapa de los corazones rotos (y vaya que esta etapa duró).

Fue sabia en la manera en que me hacía ver que ciertas compañías no me convenían, nunca me prohibió nada pero ya había logrado que yo no quisiera tenerlo todo.

Nunca me habló mal de ninguna mujer y si la situación lo ameritaba sólo se encargaba de que yo tuviera el criterio para tener mi propia conclusión.

Así, yo entiendo que una mujer empoderada no es aquella que trabaja y gana dinero para viajar, es aquella que toma decisiones según sus convicciones y se permite ser feliz mientras construye su vida día a día.

Mi madre, más que una amiga, es una cómplice, ella fue la primera mujer empoderada que conocí y fue una ama de casa.

Entonces lo que importa es que en esta vida que te pone pruebas, te sientas con el poder y lo ejerzas con el objetivo de tener la vida que quieres.

Empoderamiento no es igual a riqueza material, sino emocional, espiritual, desearle bien al prójimo y descansar con las manos y el corazón tranquilos.

Hoy a mis treinta y varios, la admiro, la admiro más que nunca, valoro cada esfuerzo que hizo, cada noche en vela encontrando soluciones para fiebres.

Lo hizo tan bien teniendo a mi papá sólo de apoyo cuando no estaba en la oficina… Muchas cosas se las debo a ella.

Así que, pensemos en la mujer empoderada real, en aquella que decide, asume, actúa, se adapta, se actualiza, es fuerte y logra salir adelante a pesar de las adversidades, así como ella, como mi madre.

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