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El novio perfecto… pero no para mí

Tuve que ser madura

Así pasa

Dicen que el novio perfecto sí existe y está ahí afuera, pero yo ya lo conocí y no fue para mí.

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Muchas personas creen en las almas gemelas o en el príncipe azul que resolverá todos sus problemas… yo no. Incluso me atrevería a decir que he considerado los beneficios del poliamor (pero eso es tema de otro post). Aún así, conocí a un hombre que bien podría cumplir estos requisitos.

Nos presento una amiga en común y, al gustarnos, decidimos empezar a salir. Nunca había tenido cenas tan placenteras con temas de conversaciones tan prácticos, además de que nuestros puntos de vista concordaban. Tenía todas las atenciones conmigo y le agarré un cariño casi al instante. No había día que no me hiciera reír y sonreír (en vivo o por mensaje). Conocí a sus amigos y el a los míos, nos caímos todos de maravilla y todo parecía indicar que me casaría con él en algunos años.

Solamente había un problema: la química.

Ambos nos dimos cuenta que éramos muy buenos amigos, pero nada de amantes. Tuvimos relaciones una vez, pero el sentimiento fue rarísimo, con cero pasión y mucha incomodidad. Seguimos juntos las siguientes dos semanas hasta que acordamos ser amigos, ya que forzar la química nunca ha funcionado.

Conocí al que pudo ser el amor de mi vida, el novio perfecto, el McDreamy de mi Meredith, pero al parecer la biología y psicología no estaban de nuestro lado. Sorprendentemente no acabé muy frustrada (sólo un poco) y decidí tomar esta situación con el mejor humor posible, como deberían hacerlo ustedes si les llega a pasar.

Además, me acordé de las sabias palabras de Cristina Yang:

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