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Mi ex regresó y me ayudó a cerrar el ciclo, entendí que no era para mí

Su regreso me hizo ver que ya no lo quería a mi lado

Así la vida...

Yo creo que nunca lo imaginó, pero el hecho de que él regresara y me buscara, me ayudó a entender lo que cuando se fue no podía creer: “Él no era para mí”.

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Tuvimos una relación bonita, de 3 años, compartimos y vivimos mucho, lo amé y me amó, encontrábamos siempre el tiempo para vernos y seguir adelante en una relación que ambos queríamos para toda la vida.

Pero, como siempre pasa, nos alcanzó el final…

Él decidió vivir nuevas experiencias

Me dijo que me amaba pero que sentía que debía vivir más antes de quedarse conmigo, que sabía del riesgo de perderme pero que se le hacía injusto para mí.

En mi cabeza sabía que…

Ante esas inquietudes, lo mejor para ambos era para terminar, pero mi corazón se negaba.

Mi amor seguía cobijado en los recuerdos y en las metas que nos pusimos.

Pero él se fue, dejándome en un mar de dolor, a veces con lágrimas, a veces sin ellas, pero…

La resignación de no verlo, llegó, aunque mis sentimientos seguían aferrados al pasado.

Pasó un año, yo intenté salir con alguien, pero desde el principió no funcionó, sólo me confirmé que seguía pensando en el ayer.

Un día, pasó lo que por mucho tiempo esperé, ÉL REGRESÓ

Pero, a pesar de lo mucho que deseaba que eso pasara, su vuelta no me hizo sentir mejor, mientras él me pedía perdón, se me iban las ganas de abrazarlo.

Me había lastimado, se había ido, había estado con otra, y aunque suene importante, era lo que menos me importaba.

No podía superar que prefirió la distancia y mi dolor, que quedarse a mi lado y reinventarnos.

Su nueva presencia, lejos de llevarme a sus brazos, me hizo abrir los ojos, lo quería pero ya no a mi lado…

Así que el reencuentro me hizo ver que no era para mí.

Volví a ver los defectos que tiempo atrás acepté, la misma soberbia, el mismo egoísmo.

Por supuesto, vi su sonrisa perfecta y en un abrazo noté que su olor seguía siendo el mismo que por noches me llevó a las estrellas.

Pero, algo había cambiado en mí, era demasiado tarde…

Dejar de verlo, me dirigió la mirada a lo real.

Más allá del amor, no estaba dispuesta a compartir mi vida con alguien tan impulsivo, por decir lo menos.

Entonces, le agradecí que volviera pues era lo que yo necesitaba para poder decirle adiós. A partir de la despedida definitiva, pude cerrar el ciclo y volver a ser yo.

No fue su arrepentimiento, me dolió ver que ahora era yo la que lo lastimaba, pero el tiempo y la distancia transformaron lo que yo sentía por él.

Lo veía distinto, con defectos y ya no le tenía el mismo amor para soportarlos.

Quizá fue la decepción, quizá la madurez, pero me di cuenta que su despedida me había desenamorado.

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