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Fast sex & slow love: la forma en la que construirmos las relaciones en 2017

Los valores de nuestra generación pueden ser la clave de las relaciones exitosas
Fast sex & slow love: la forma en la que construirmos las relaciones en 2017

Los valores de nuestra generación pueden ser la clave de las relaciones exitosas

Dicen que nuestra generación no tiene valores tan sólidos como las anteriores… Que para nosotros todo es desechable, desde los celulares hasta las personas. Que nuestra aversión al compromiso es el resultado de una serie de encuentros casuales y libertad sexual que está poniendo en riesgo nuestra salud y nuestra existencia.

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Nosotros creemos que nunca antes habíamos sido tan conscientes del valor de una relación estable y que por eso somos mucho más cuidadosos a la hora de compartir nuestra vida con alguien.

Y la sociología nos lo confirma. Somos la generación del Fast Sex & Slow Love y es lo mejor que ha podido pasarnos.

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Esta generación, los que estamos leyendo esto en un iPad o en nuestro teléfono, que lo encontramos a través de Facebook y lo vamos a discutir en una reunión con nuestros amigos mientras vemos Netflix, somos los que estamos teniendo relaciones más estables y felices.

Nosotros ya no necesitamos a alguien para sentirnos completos, hemos aprendido a estar solos. No creemos en tener hijos por presión social, elegimos ser padres a la edad en la que nos sentimos capaces de mantenerlos. No estamos dispuestos a ser infelices, por lo que le perdimos el miedo al divorcio. No perdimos los valores, los hemos cambiado por unos más auténticos.

Esto se refleja en la forma en la que construimos nuestras relaciones. Con los métodos anticonceptivos en la cama y los tabús sexuales fuera de ella, le hemos abierto la puerta a las relaciones informales, poniéndonos en una posición privilegiada para valorar la conexión emocional que el sexo casual nos puede dar.

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Nosotros estamos viviendo el resultado de permitir que la historia se cuente al revés, encontrando una intimidad emocional que resulta de la conexión física, sin presiones.

Hoy más que nunca estamos eligiendo realmente a nuestras parejas, independientemente de las personas con las que tengamos relaciones. Aprendimos a separar las necesidades físicas de las emocionales, dejando de ser dependientes de la estabilidad de una pareja para disfrutar del sexo. Sin embargo, apreciamos el buen sexo y la buena compañía que pueden evolucionar en una relación a largo plazo.

De hecho, pasa mucho más seguido de lo que nuestros papás creen: según la encuesta “Singles in America”, 28% de los encuentros casuales se convirtieron en relaciones formales.

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No es que no queramos un compromiso, es que queremos un compromiso de calidad con una persona que nos complemente como esperamos. Según esta encuesta, los “amigos con beneficios” se convierten en exclusivos después de 4 semanas o 6 encuentros casuales, aunque exclusividad no significa compromiso.

Las parejas de nuestra generación estamos dejando que las cosas fluyan, sin presiones ni compromisos innecesarios. No tenemos prisa por casarnos ni por ser madres, no tenemos necesidad de que alguien nos apoye económicamente. Somos más libres que nunca.

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Esto no significa que no queramos un compromiso, significa que estamos construyendo nuestras relaciones de otra manera, más despacio, dejando que se desarrollen sentimientos más auténticos que respondan a un apego más objetivo, más pensado y seguramente más profundo.

Estamos teniendo una intimidad física más rápida… Esto nos lleva a crear hábitos con “desconocidos” que se pueden transformar en una relación tan seria y profunda como la que tuvieron nuestros padres, sólo empezando al revés.

“Cuando compartes tu cama, tu cepillo de dientes, tus orgasmos y la topografía de la celulitis en tu trasero con un desconocido, la intimidad es real. Sólo esto sucede antes que la familiaridad.”– Maureen O’Connor-