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Y cuando acepté quedarme sola llegó alguien a hacerme compañía

Cuando aceptas con dignidad estar sola es cuando mereces buena compañía.

Así es la vida

Esta es mi historia y hoy te la comparto…

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Llevaba más de 15 años de relaciones fallidas, por supuesto, no fueron 15 años de absoluta tristeza y decepción pero siempre ocurría algo que me echaba a perder mis expectativas y la historia llegaba al mismo final, la despedida.

Incluso, tuve una relación muy seria, de esas con vaijes cada 3 meses, metas a futuro, nombres probables de hijos y convivencia familiar fuerte, me pidió matriminio y le dije que sí, justo cuando ya me iba a entregar el anillo comenzaron los problemas y terminamos mal.

Estuve en otras relaciones fugaces, algunas ni siquera con intimidad, nada serio ni profundo, todo era compañía para cuando no estaba trabajando.

Sin embargo, estas historias pequeñas también me desgastaron hasta que toqué fondo y pensé en que me estaba desgastando por cosas que yo sabía que no darían resultado.

Decidí hacer una pausa…

Mandé a volar a todos los chicos con los que salía, ¡gracias a Dios que Tinder no existía sino me hubiera vuelto una verdadera maestra en el arte de las citas!

Decidí que era momento de estar sola, de ir al cine sola, de ir de viaje sola o con amigos pero sin ligue, decidí ser de viernes en casa y pijama.

Transformé mis hábitos y decidí que la mejor compañera que podía tener era mi soleda.

Encontré tantas cosas: paz, gustos, pasiones, aficiones, nuevos amigos, inquietudes, deseos, éxitos laborales… Todo en mi vida comenzó a fluir mejor y fue justo en la cúspide de esa nueva era, cuando yo ya había olvidado lo que era compartir con alguien, que alguien llegó a compartir conmigo.

No lo busqué, no lo pensé, no lo intenté, simplemente pasó.

Yo quería estar sola, yo quería disfrutar mi nuevo departamento para mí sola… me había acostumbrado en estar por y para mí… ¡Hasta que llegó él!

Me costó meses convencerme de que se trataba de algo bien, de que sus intenciones eran buenas pero lo más diícil fue pensar si yo iba a poder sobrellevar lo que antes no pude controlar.

Más que renunciar a mi soledad, me ateraba dejar de estar soltera, de volver a ser pareja de alguien justo cuando yo estaba mejor que nunca en mi vida.

Entendí 3 cosas:

1. La vida es para vivirse.
2. El amor siempre es una apuesta.
3. En mis manos está el control.

Todo estaba en mí, valía la pena arriesgarse, valía la pena intentarlo:

Llegó en el momento justo, a diferencia de mi pasado, esta oportunidad en el amor se apareció sin que yo la buscara, no fue conformista ni comodidad, todo lo contrario, pasó para sacudirme de lo que me parecía seguro, así que me obigué a valorar mi tiempo y compañía.

Tenía que estar bien yo, ubicada en mí para que una relación sana se pudiera dar. Todo lo anterior se convirtió en boceto y hoy me siento más fuerte para entregarme de una forma equilibrada.

Esto es lo que me pasó a mí, ¿te ha pasado algo similar? Cuando aceptas con dignidad estar sola es cuando mereces buena compañía.

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